REDACCIÓN DELAZONAORIENTAL.NET
Por: Bob J. Satawake
Escritor / Blogger / esposo del Embajador de Estados Unidos en RD
Es en tiempos del caos más continuo que a menudo nos encontramos con momentos de soledad y reflexión, revelándonos que a pesar de todo el odio y la rabia que nos rodea aún existe el amor y la humanidad. A lo largo de la historia hemos sido testigos, en repetidas ocasiones, de la crueldad del ser humano, mas no ha sido hasta épocas recientes que observamos una falta de sensibilidad hacia dicha inhumanidad.
Lo que vemos es un tipo distinto de respuesta a la inhumanidad que existe en el mundo hoy. Ya es muy común proferir palabras vulgares e insensibles hacia los demás, no solo a través de las redes sociales sino también a través de los medios tradicionales. Los funcionarios de gobierno y los candidatos políticos hacen todo lo posible por evitar las problemáticas reales que nos aquejan, desviando la atención de sus votantes con conversaciones que se escuchan más en una casa de mala reputacion.
Los hombres y mujeres religiosos incitan a sus fieles difundiendo temor y falsedad con epítetos de odio y discriminación, mientras llenan sus bolsillos con los dineros de aquellos a quienes se han comprometido a cuidar y apoyar. Y como sociedad nos hemos vuelto tan insensibles a las atrocidades de este mundo que ni siquiera somos capaces de observer un momento de silencio por la pérdida de inocencia sin ser sepultados por las críticas de muchos.
Palabras como dignidad, integridad, gracia, elegancia y decencia son términos que el lenguaje moderno ya no emplea, aunque lo más preocupante no es que estas palabras estén en desuso sino que la sociedad hoy, con su comportamiento, no refleja una actitud cónsona con lo que las mismas definen. Hubo una época en que un intercambio de ideas entre adultos podía darse sin devenir en una especie de rebatiña infantil. Hubo una época en que al plantear uno su opinión lo hacía sin apelar a lenguaje profano o ataques personales.
Si una persona sólo es capaz de valorar el carácter de otra por medio de la crítica y el uso de lenguaje inapropiado está claro que su valoración es malintencionada y plagada de opiniones sentenciosas. Claro que existen circunstancias en que un tema más acuciante podría ameritar que uno manifieste su incredulidad de forma contundente, pero ésto puede hacerse sin insultos.
La evolución de la comunicación nos permite interactuar con prácticamente cualquiera en el mundo de hoy. Gracias a una diversidad de medios podemos comunicarnos directamente con un desconocido en un país extraño, en un idioma extraño que posiblemente ni siquiera comprendemos a cabalidad. Este proceso nos brinda la garantía del anonimato y la seguridad de poder hablar y comunicarnos de una manera que ya no sintamos miedo a la repercusión por las ideas expresadas.
Además, nos hemos acostumbrado tanto al uso de lenguaje no específico para infundir temor e incitación en nuestra sociedad que independientemente de lo que uno pueda decir ellos tienen la capacidad de afirmar falta de intención o bien que sus declaraciones fueron mal interpretadas o que los medios no comunicaron el mensaje correctamente. Este uso de términos genéricos ha permitido a políticos y líderes religiosos y sociales a instituir una guía moral, que no se aplica a ellos, con el propósito de juzgar a otros, sin sentirse obligados a medirse ellos con la misma vara.
Pero, ¿en qué momento en el deterioro de nuestras habilidades de comunicación diremos ¡basta! como sociedad? ¿En qué momento tomaremos la decisión consciente de volver a instituir una forma de comunicación más refinada con la esperanza de construir una sociedad más refinada? Ocurre que lo que decimos importa, pero igual importa cómo lo decimos. Las palabras pueden causar mucho daño cuando se usan inadecuadamente y me parece que son muchos en nuestra cultura mundial que están decididos a causar a otros el mayor daño posible mediante el uso inapropiado de las palabras.
Confío que podremos seguir sosteniendo vigorosos debates, generar espontaneidad e impulsar hacia adelante nuestra sociedad a través de la comunicación. Debemos continuar el diálogo y crear ideas para un mejor futuro para todos, pero ésto debe hacerse con dignidad, integridad, gracia, elegancia y decencia, si somos verdaderamente genuinos en nuestro propósito de conservar nuestra existencia con amor y humanidad. Mientras no pierda la esperanza…no me faltarán las palabras.
