Amigos imaginarios en la niñez

Lucía* amaba a Cometa, su perro. Todos los días, ella jugaba y platicaba con su “fiel compañero”. Pero había un pequeño detalle: Cometa no existía. Es más, en la casa de Lucía estaban prohibidas las mascotas.

“El cielo es el límite”, y en el caso de la imaginación de los niños, el refrán queda como anillo al dedo. La cama puede ser un castillo, un barco pirata o un avión. Y qué mejor que tener con quién compartir esas aventuras.

Pero hay pequeños que juegan con seres inexistentes, que van desde otros niños, hasta animales u objetos. A menudo se les ve hablando “solos”. Pero no, ellos conversan con sus amigos imaginarios. “Éstos suelen aparecer durante los dos y cuatro años de edad”, explica la psicóloga clínica Sara Pereira.

¿Es normal?

Karla González, también experta en psicología, asegura que tener un amigo imaginario durante la primera infancia es normal y no perjudica a nadie. Es más, le sirve al pequeño como soporte emocional. Sin embargo, el fenómeno no es tan común, admite Pereira.

De acuerdo con González, ocurre más en hijos únicos, en primogénitos y en niños creativos. Un pequeño puede “inventar” uno por varias razones. Una podría ser porque le trae autorrealización, por ejemplo: “hay una monstruo en el clóset, pero mi amiga Jacky lo espantó con su varita mágica”.

También le puede servir para proyectarse: si “Juanito” (el amigo imaginario) no quiere que apaguen la luz, es muy probable que su inventor le tema a la oscuridad.

Y por último, González menciona la función de “chivo expiatorio”. “Yo no me comí esas galletas, fue Pinky, el duendecito”. En estos casos, González resalta la importancia de enseñar al pequeño a que asuma la responsabilidad de sus actos y a que aprenda de sus propios errores.

Si la situación lo amerita, será necesario encarar al niño y hacerle ver errores o malas conductas cometidas por él y no por su “amiguito imaginario”, sin por ello estropear su imaginación.

¿Qué hacer para que lo olvide?

Los padres deben comprender que el amigo imaginario refleja alguna carencia del niño, como que necesita socializar o pasar más tiempo con las personas que lo aman.

Las especialistas aconsejan buscarle actividades para que se relacione con niños de su edad. De esta manera, el pequeño aprenderá a socializar, saciará sus necesidades de juego e irá olvidando a ese amigo imaginario, que en algún momento le fue útil.

FUENTE: SALUD.COM

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